¿Te sientes hinchado/a casi a diario, incluso aunque cuides tu alimentación?
¿Notas gases, molestias abdominales o digestiones pesadas que has acabado normalizando?
Estos síntomas, que muchas personas arrastran durante años, pueden estar relacionados con el SIBO, una alteración digestiva más frecuente de lo que pensamos.
¿Qué es el SIBO?
El SIBO o sobrecrecimiento bacteriano es una alteración de la microbiota intestinal.
La microbiota se distribuye a lo largo de todo nuestro tracto digestivo; sin embargo, se estima que aproximadamente el 95 % de las bacterias intestinales habitan en el colon. En condiciones normales, el intestino delgado presenta una densidad de microorganismos mucho menor que el intestino grueso, gracias a distintos mecanismos de protección, como:
- La mayor velocidad del tránsito intestinal
- La acción de los ácidos biliares
- La barrera gástrica, que limita el paso de microorganismos desde la boca
Síntomas más frecuentes del SIBO
El SIBO no se manifiesta igual en todas las personas, pero algunos de los síntomas más habituales son:
- Hinchazón abdominal frecuente, especialmente después de las comidas
- Gases excesivos o sensación de distensión
- Dolor o molestias abdominales
- Digestiones pesadas o lentas
- Diarrea, estreñimiento o alternancia de ambos
- Reflujo, náuseas o sensación de plenitud precoz
Además, al afectar a la correcta digestión y absorción de nutrientes, pueden aparecer otros síntomas menos evidentes, como:
- Cansancio o fatiga persistente
- Dificultad para concentrarse
- Déficits nutricionales (hierro, vitamina B12, entre otros)
- Pérdida de peso no intencionada
- Miedo a comer determinados alimentos por el malestar posterior
Muchas personas llegan a pensar que estos síntomas “son normales” o que se deben únicamente al estrés, cuando en realidad existe una causa digestiva que puede abordarse.
Características importantes del SIBO
- No es una alteración aislada: suele estar relacionada con problemas de motilidad intestinal, infecciones digestivas previas, estrés mantenido o dietas muy restrictivas.
- Puede confundirse con otros trastornos digestivos, como el síndrome del intestino irritable.
- No todas las personas reaccionan igual a los mismos alimentos.
- El tratamiento no debe basarse únicamente en la eliminación de alimentos.
¿Tiene tratamiento el SIBO?
Sí, el SIBO tiene abordaje, y el tratamiento debe ser individualizado y supervisado por profesionales especializados.
Desde la nutrición, el papel del nutricionista es fundamental y va mucho más allá de “quitar alimentos”. El trabajo nutricional se centra en:
- Evaluar los síntomas y su evolución
- Analizar los hábitos alimentarios y de vida
- Valorar el estado nutricional
- Adaptar la alimentación de forma personalizada en cada fase
- Acompañar a la persona para mejorar su relación con la comida
El objetivo no es sólo aliviar los síntomas digestivos, sino recuperar el bienestar, asegurar una correcta nutrición y prevenir recaídas.
Nuestro enfoque desde el servicio de nutrición
Desde nuestro centro, el abordaje nutricional del SIBO se realiza de forma coordinada y complementaria al tratamiento pautado por el médico digestivo, con el objetivo de adaptar la alimentación a cada fase del proceso y a las necesidades individuales de la persona.
Existen diferentes estrategias dietéticas para el manejo del sobrecrecimiento bacteriano; sin embargo, la dieta baja en FODMAPs es la que presenta mayor aplicabilidad y evidencia en la práctica clínica.
Este enfoque nutricional se basa en la reducción temporal de azúcares fermentables que pueden ser utilizados por la microbiota intestinal como sustrato energético, ayudando así a disminuir la fermentación y la intensidad de los síntomas digestivos.
Es importante destacar que la dieta baja en FODMAPs no tiene como objetivo erradicar el sobrecrecimiento bacteriano por sí sola. Cuando no va asociada a un tratamiento antibiótico, farmacológico o botánico pautado por el especialista, su función principal es mejorar la sintomatología y facilitar la tolerancia digestiva, pero no eliminar la causa del problema.
Además, esta dieta no está diseñada para mantenerse a largo plazo. La fase estricta debe ser transitoria (generalmente entre 1 y 2 meses), y posteriormente es fundamental realizar una reintroducción progresiva y personalizada de alimentos. Mantener una restricción prolongada puede afectar negativamente a la microbiota intestinal, ya que una alimentación pobre en fibra compromete el crecimiento de bacterias beneficiosas y puede dificultar la recuperación digestiva.
Por ello, el papel del nutricionista es clave para guiar cada fase del proceso, evitar restricciones innecesarias, asegurar una correcta ingesta de nutrientes y acompañar a la persona en la recuperación de una alimentación variada, suficiente y adaptada a su tolerancia individual.
Vivir con hinchazón, dolor o malestar digestivo constante no debería normalizarse. El SIBO es una alteración frecuente, pero con un abordaje adecuado y acompañamiento profesional es posible mejorar los síntomas y recuperar calidad de vida.
Si te has sentido identificada/o con lo que has leído, recuerda que no tienes que afrontarlo sola/o. Un enfoque nutricional individualizado, coordinado con el especialista médico, puede marcar la diferencia en tu bienestar digestivo.

